Las enfermedades fúngicas son el enemigo número uno de la calidad en la viticultura. Hongos como la Botrytis o el mildiu pueden arruinar una cosecha en cuestión de días. El silicio no es un fungicida convencional, pero su mecanismo de acción es fundamental para un manejo integrado exitoso.
Modificando el microambiente foliar
Cuando aplicamos silicio, ocurre un cambio físico en la hoja y el fruto. El silicio se deposita en las paredes celulares, creando un refuerzo mecánico que hace que los tejidos sean más difíciles de penetrar para las hifas de los hongos. En el caso de los silicatos, este efecto es principalmente externo, fortaleciendo la superficie física.
El papel del Ácido Ortosilícico contra el estrés

El ácido ortosilícico va un paso más allá. No solo refuerza la superficie, sino que facilita la incorporación de silicio directamente en la epidermis y la cutícula. Esto no solo reduce los síntomas de podredumbres, sino que también disminuye los marcadores biológicos de infección. Una planta con niveles óptimos de silicio es, intrínsecamente, una planta más difícil de atacar.
Beneficios reales para el productor:
- Reducción de mermas: Menos uva dañada por podredumbre significa más kilos de calidad al final de la temporada.
- Menor dependencia química: Al fortalecer la planta, se puede optimizar el uso de fungicidas tradicionales.
- Resistencia al estrés: Mejora la respuesta general frente a cambios bruscos de temperatura y humedad.
No esperes a ver la enfermedad para actuar. Integra el silicio monomérico en tu programa preventivo y fortalece la estructura de tu viñedo.
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